“Lejos de circunscribirse a las relaciones interpersonales, la seducción se ha convertido en el proceso general que tiende a regular el consumo, las organizaciones, la información, la educación, las costumbres.”

Gilles Lipovetsky. La era del vacío.

21 abr. 2011

Marxismo

No existe Dios y existe el mal. Comprender la existiencia del mal, su expresión psicológica (el sufrimiento) y su expresión social (la injusticia), y todo ello desde la idea de que sólo existe lo finito, esta es la tarea de Karl Marx. Desde su juventud, Marx creyó que la filosofía era imprescindible para ofrecer un buen diagnóstico del mal humano y favorecer un tratamiento o cura del mismo. Entenderá Marx que el sufrimiento humano, en lo fundamental, tiene causas sociales, está ligado a la alienación, a la explotación economica que una clase social infringe a otra. Naturalmente, dada esta comprensión del problema, la cura vendrá con el cambio revolucionario de las relaciones económicas de la propiedad. La filosofía debe ser práctica, dirá Marx, y colaborar en este afán por la autodeterminación de las personas, por su libertad. Es pronto aún para saber si a Marx le corresponde el mismo rango en la historia de la filosofía que a Platón, Aristóteles, Descartes o Kant, pero no hay duda de que su filosofía es imprescindible para comprender el pensamiento y las transformaciones sociales y políticas del siglo XX.

Karl Marx

El fundador del socialismo es uno de los pensadores más controvertidos de la historia. Su pensamiento ha sido reinterpretado por muchos de sus seguidores, y a menudo es complicado separar aquello que está en los textos del propio Marx de aquello que ha sido repensado posteriormente, o incluso del pensamiento de Engels, el más íntimo colaborador de Marx. Por eso, para contextualizar a Marx, puede resultar de ayuda comenzar fijándose en sus precedentes: el pensamiento del alemán representa una inversión del sistema hegeliano, y un intento de convertir la filosofía en un ejercicio práctico de transformación de la realidad. La dialéctica del espíritu hegeliano se transforma en la dialéctica de la materia en Marx, y en el materialismo histórico, cuando de la comprensión de los asuntos humanos se trata.
Igualmente, retoma la crítica de Fuerbach a la religión (pese al distanciamiento respecto a este mismo autor). Además, hay que tener en cuenta en todo momento que Marx es más un economista que un filósofo, y para comprender sus ideas es necesario ser capaz de seguir los razonamientos económicos que aparecen en obras como El Capital. Junto a esta caracterización teórica, no podemos dejar de lado la participación directa de Marx en el movimiento obrero del siglo XIX. Todo ello, ha hecho que Marx sea uno de los filósofos de los que beben numerosos autores y corrientes filosóficas de todo el siglo XX.

IMMANUEL KANT




Ningún filósofo de la Edad Moderna provoca en el pensamiento de esta época cambios tan perdurables como la persona que es la cima de la Ilustración europea y, al mismo tiempo, su punto de inflexión:
Kant (1724-1804). Immanuel Kant asienta sobre un nuevo fundamento casi todos los temas tratados por la filosofía, tanto el conocimiento como las matemáticas o las ciencias naturales, la moral, el derecho, la historia y la religión, la estética y la biología. Y sus escritos sobre esos temas se caracterizan por un grado tan elevado de originalidad y agudeza conceptual y argumentativa que siguen marcando con su impronta incluso los debates filosóficos actuales. Por añadidura, Kant introduce la paz como un nuevo concepto filosófico fundamental y proporciona al
conjunto de la filosofía una perspectiva cosmopolita.
Al aplicar una idea directriz de la época—la crítica—a otras dosigualmente claves—la razón y la libertad—, Kant somete la Ilustración
a una autocrítica cuyo objeto es toda la filosofía moderna, el raciona-
lismo de Descartes, Spinoza, Leibniz y su discípulo Wolff, y el empiris-
mo de Locke y su continuación escéptica en Hume. Impresionado por
el progreso de las ciencias modernas de la naturaleza, Kant considera
un escándalo la pugna entre racionalistas y empiristas. Para acabar
con ella y situar, además, la filosofía fundamental o metafísica en el
«camino seguro de una ciencia», pospone las cuestiones referentes a
Dios, la libertad y la inmortalidad y aborda el problema previo de la
posibilidad de la existencia de la metafísica como ciencia. Pero, con
esta pregunta preliminar, trata también las cuestiones mencionadas,
así como muchos otros temas, incluidos ciertos asuntos relativos a la
moral y el Estado. La Crítica de la razón pura (1781), que se ocupa de
todo ello, se lee por tanto como una «enciclopedia de las ciencias filo-
sóficas», a la manera de la República de Platón.

Kant desarrolla un método nuevo: la crítica trascendental de la razón. Con ella libera a la filosofía de modelos ajenos, como las matemáticas (racionalismo) y las ciencias de la naturaleza (empirismo), y fun-
da un filosofar metodológicamente autónomo. Tras la aparición de
la Crítica de la razón pura, un importante representante de la Ilustra-
ción alemana, Moses Mendelssohn (1729-1786), calificó a Kant, a
quien veneraba, de «trituradora universal» de la metafísica. En reali-
dad, lo que hace Kant es superar su forma tradicional, creando con
su obra crítica una metafísica nueva guiada por las tres preguntas si-
guientes: 1) ¿Qué puedo saber? 2) ¿Qué debo hacer? 3) ¿Qué debo
esperar? Y, al mismo tiempo, da respuesta a una cuarta: ¿Qué es el
ser humano?
¿QUÉ PUEDO SABER? LA «CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA»
La interminable pugna entre los filósofos impone la pregunta de si se
puede dar una filosofía como ciencia. Para responderla y solventar el
conflicto entre el racionalismo y el empirismo acerca de la posibili-
dad o imposibilidad de un conocimiento derivado puramente de la
razón, y para dar definitivamente una solución que no sea arbitraria
sino que «responda a unas leyes», Kant establece un tribunal de la ra-
zón. Al habérsele encomendado la misión de garantizar pretensiones
justificadas y rechazar, en cambio, reclamaciones sin fundamento,
este tribunal no se propone condenar la «razón pura»; lo que le in-
cumbirá será, más bien, «determinar tanto las fuentes como el alcan-
ce y límites de esa razón, pero todo ello a partir de unos principios».
En esa circunstancia, la razón asume las tres funciones siguientes: es
la acusada, a la que se reprocha plantear pretensiones de conoci-
miento injustificadas. Es la defensora, que reflexiona sobre los argu-
mentos favorables a las pretensiones de la razón. Y, sobre todo, es la
juez que dicta la sentencia, una sentencia, no obstante, democrática,
pues lo que importa es el «consenso de los ciudadanos libres».
En el proceso judicial de la Crítica de la razón pura, Kant no trata
solo de la guerra entre los filósofos, de sus «interminables querellas»,
sino también de sus contradicciones, que surgen en la propia razón.
Esa doble guerra deberá dar paso a una paz que tiene que durar eter-
namente. Aunque Kant apunta demasiado alto con esta esperanza,
tiene éxito en la medida en que estudia a fondo e imparcialmente,
como un buen juez, todos los puntos conflictivos, de modo que llega
a presentar propuestas de solución que no solo dejan atrás todas las ofrecidas hasta entonces, sino que han demostrado ser dignas de de-
bate hasta el día de hoy.

Friedrich Nietzsche (1844-1900)

Su pensamiento puede dividirse en 4 etapas, pero no deben entenderse como períodos
separados y sin relación: frente a esto, como han señalado algunos intérpretes, hay una
absoluta continuidad en el desarrollo de las ideas de Nietzsche. En cierta forma, lo que hace
Nietzsche en toda su filosofía es extraer las consecuencias filosóficas de la semilla que
sembrara en El nacimiento de la tragedia. Veamos cuáles son los periodos más importantes
del pensamiento nietzscheano:

1. Periodo romántico: la filosofía de la noche. Coincide con su estancia como docente
en Basilea y con la publicación de El nacimiento de la tragedia (1871). Se nota de un
modo muy marcado la influencia de Wagner y de Schopenhauer, cuya filosofía le
cautivó ya en su juventud. Durante estos primeros años estudia con profundidad el
pensamiento de los presocráticos. Sócrates es el objetivo constante de su crítica, y lo
dionisíaco aparece una y otra vez como trasfondo de su pensamiento. A esta misma
época pertenecen las Consideraciones intempestivas.
2. Período ilustrado: la filosofía de la mañana. Comienza con sus viajes, y aunque
aparentemente trata de romper con su pensamiento anterior (sobre todo respecto a
Wagner y Schopenhauer) continúa con una auténtica inversión del pensamiento
tradicional, tomando como referencia a Voltaire y a otros ilustrados franceses.
Desprecia la metafísica, la religión y el arte, y emerge a figura del “hombre libre”. A
esta etapa pertenecen Humano, demasiado humano (1978), Aurora (1881) y La gaya
ciencia (1882).
3. Zaratustra como el nuevo profeta: la filosofía del mediodía. En este período la
filosofía nietzscheana alcanza su madurez y esplendor. La obra fundamental, aquella
en la que nos presenta a Zaratustra, su nuevo profeta que será símbolo del
superhombre: Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie (1883-1884).
Zaratustra representará también a Dioniso, y será el encargado de anunciar la muerte
de Dios.
4. Período crítico: la filosofía del atardecer. Esta vez el punto de mira de la crítica
nietzscheana se fijará en toda la civilización occidental, particularmente en algunos de
sus productos culturales: la religión, la filosofía y la moral, pero también la ciencia. Se
recupera el carácter del segundo período, pero de un modo más agresivo, obsesionado
por denunciar el nihilismo y la decadencia occidentales. Nietzsche es ahora el
“filósofo a martillazos”, cuya crítica radical y visceral campa a sus anchas por obras
como Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887),
Crepúsculo de los ídolos (1889), El anticristo (1888) y Ecce homo (1888). Después de
estas obras continuará plasmando sus ideas en aforismos que serán recogidos después
en la obra La voluntad de poder (publicada póstumamente en 1901).


La voluntad de poder
Para Nietzsche la vida es voluntad de poder, voluntad de ser más, de expandirse y de
afirmarse. Tratar de encontrar una definición de este concepto en las obras nietzscheanas es
imposible: lo que sí aparecen son distintas caracterizaciones. No debe confundirse con la
simple voluntad humana, o con el concepto que utiliza Schopenhauer. Es voluntad de vivir, es vida en sí misma, tratando de imponerse y extenderse, de realizar todos sus deseos, mostrando
su fuerza creadora. Si interpretamos esto desde la metáfora de la vida como obra de arte que
aparece en El nacimiento de la tragedia, podríamos concluir diciendo que es voluntad de
crear. Esta voluntad es una amalgama de fuerzas: deseos, instintos, pasiones, impulsos que
llevan al hombre a imponerse sobre los demás, a dominar su entorno, a realizar su voluntad.
La interpretación adecuada, por tanto, debe escapar de la pura biología (no se ejemplifica la
voluntad de poder en una especie que se impone sobre otra), pero también de la política y las
tesis racistas: “Yo soy lo que tiene que superarse a sí mismo”. La voluntad de poder tiene una
dimensión individual, que impide cualquier interpretación de las anteriormente citadas: no es
la dominación de un pueblo sobre otro, ni la mera victoria en cualquier terreno. Es una
voluntad creadora de valores, que despliega toda la fuerza (no entendida pobremente en un
sentido físico) y capacidades del individuo. Todo es, para Nietzsche voluntad de poder,
concepto que se termina convirtiendo en una de las claves interpretativas de su visión de la
naturaleza. El mundo es voluntad de poder, vida desbordada y desbordándose
permanentemente, en pugna por expandirse más y más. Pero además, la naturaleza aparece
asociada a otro concepto central de la filosofía nietzscheana: el eterno retorno.
El eterno retorno
Inspirándose en la mitología griega y en los presocráticos, la idea clave del eterno retorno es
la repetición, el ciclo que se ejecuta una y otra vez, sin que nada apunte hacia un estado final,
o sin que haya posibilidad a ningún tipo de progreso o evolución lineal. La teleología
aristotélica, el mundo platónico de Ideas o el cielo prometido por los cristianos son creaciones
conceptuales absurdas: “Si el Universo tuviese una finalidad, ésta debería haberse alcanzado
ya. Y si existiese para él un estado final, también debería haberse alcanzado.” El eterno
retorno incluye de este modo connotaciones materialistas, con una clara consecuencia
temporal: no existe más que el presente, el aquí y ahora, el mundo que vivimos hoy. El pasado
ya fue y el futuro no existe, por lo que el hombre debe ser fiel al presente que vive, única
realidad que podemos vivir realmente. Un presente eternamente repetido, una tierra con
procesos que comienzan y terminan sin cesar: éste es el eterno retorno, que nos invita a
permanecer fieles a nuestro tiempo, “fieles a la tierra”: “¡Yo os conjuro, hermanos míos,
permaneced fieles a la tierra, y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales!
Son envenenadores, lo sepan o no.”
Pero Nietzsche va más allá del significado puramente cosmológico. El eterno retorno se
termina convirtiendo en valor: es el camino para afirmar la vida, es la expresión de la
voluntad de poder que se libera del lastre del pasado y del temor respecto al futuro. El eterno
retorno es el lugar y el tiempo propio de la voluntad de poder. Zaratustra se convierte en el
profeta de esta nueva concepción, que eleva la visión griega de la naturaleza a la categoría de
valor moral. Aprecia Nietzsche dos aspectos de esta idea:
1. La inocencia y la carencia de sentido del cambio, fijándose especialmente en los
fragmentos heraclíteos. El cambio es sólo eso: cambio, sin más valoraciones morales o
metafísicas que realizar al respecto.
2. La afirmación de la vida que se contrapone a toda clase de pesimismo. El eterno
retorno nos garantiza que hay sólo una realidad (la presente) y que no hay un
desarrollo hacia “otro” mundo, sea esto interpretado en un sentido religioso (el cielo
cristiano) o político (una utopía o una sociedad mejor que construir). Como
consecuencia de esto, todo es bueno y justificable, puesto que todo se repite. El mundo
es giro, juego, la danza del mundo alrededor de sí mismo.
El eterno retorno es un reflejo del deseo de eternidad del presente, de la voluntad de que todo
permanezca. Es el sí infinito, eterno y absoluto al presente vivido, a la vida misma y a la existencia. Para que esta idea penetre en la sociedad y llegue al hombre es necesaria avanzar
hacia el siguiente concepto: la transmutación de los valores.


El superhombre
El superhombre es la encarnación de todos los valores nietzscheanos: sería aquella persona
que vive según su voluntad de poder, asumiendo también el eterno retorno y la transmutación
de los valores. Es el “nuevo hombre” que debe sustituir al “último hombre”, y que es
anunciado por Zaratustra. El superhombre es producto del eterno retorno, y recupera la
inocencia del hombre primitivo que puede encontrarse en los presocráticos. No vive
apesadumbrado por tantos y tastos siglos de filosofía, reflexión, religión, ciencia... Juega con
la vida, tal y como presenta Nietzsche al superhombre en sus famosas tres transformaciones:
1. El camello: es aquella persona humilde y sumisa, que vive pendiente de obedecer. El
camello sufre una pesada carga: la moral y la religión le convierten en un esclavo que
vive pendiente de las normas (¡Tú debes!).
2. El león: podría representarse por el espíritu ilustrado. El ser humano se revela (¡Yo
quiero!) y se emancipa de la religión. Trata de romper con los valores tradicionales de
la religión, pero vive anclado a la moral, una moral que va en contra de la vida, y
elimina su libertad.
3. El niño: ejemplo perfecto del superhombre, el niño imagina, crea, inventa, juega con
la vida. Es el verdadero creador de valores. El niño se libra de la “seriedad” y del
“rigor” racionalista del león, y convierte la inconsciencia y la inocencia en su mejor
virtud: “Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se
mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.” El niño crea valores,
vive fiel a la tierra, y asume el eterno retorno como una más de las reglas de la vida. El
niño ama la vida, la vive sin pensar sobre ella.
El superhombre aglutina todos los conceptos anteriormente explicados. Es el mensaje
nietzscheano condensado en una sola figura, en un solo modelo de hombre. Nietzsche se
refiere una y otra vez a uno de los fragmentos de Heráclito: “El tiempo es un niño que mueve
las piezas del juego: ¡gobierno de un niño!”. El superhombre es la aparición natural que sigue
a la muerte de Dios. Aunque esta expresión tiene precedentes, en Nietzsche adquiere un
nuevo significado: es la desaparición absoluta de Dios, que es la negación de la vida. El que
sirve a Dios o vive pensando en él, niega la vida, deja de vivirla. Por eso el superhombre es
aquel capaz de superar la destrucción de Dios, el hundimiento del cristianismo, que será uno
de los temas característicos de la crítica nietzscheana a la civilización occidental.

7 abr. 2011

La Filosofía en la Alta Edad Media



1. Los límites cronológicos de la Edad Media

SAN AGUSTÍN es la síntesis de toda la Filosofía patrística. Más que originalidad lo que tiene es una gran capacidad de síntesis. El problema que hay es buscar las fuentes. Los medievales lean a SAN AGUSTÍN, no a los Padres anteriores.
La Filosofía medieval se podía dividir en dos grandes apartados: la Patrística entre los siglo I y V d.C. (de FILÓN DE ALEJANDRÍA a SAN AGUSTÍN) y la medieval en sentido estricto entre los siglos VI y XV d.C.
¿Cuáles son los límites cronológicos de la Edad Media? Toda división del tiempo es pedagógica, subjetiva, no marcada en la naturaleza. hay diferentes criterios de división. respecto al origen unos lo ven en el año 313 con el edicto de Milán, otros con la toma de Roma en el año 410 por Alarico, otros con el fin del imperio romano en el año 476, otros con la invasión de los árabes de España en el 711 y otros con la coronación de Carlomagno en el año 800.
Respecto al final de la Edad Media unos la ponen en la muerte del papa Bonifacio VIII en el año 1303, otros con la invención de la imprenta en el 1443, otros con el descubrimiento de América en el 1492, otros con la revolución protestante en 1517, y otros con la revolución industrial en el año 1740.
Desde un punto de vista estrictamente filosófico, los límites suelen ponerse con el año 529 porque el emperador JUSTINIANO ordena cerrar las escuelas paganas y en ese año SAN BENITO funda Montecasino (se pasa de la escuela pagana a la escuela cristino monástica). Otros ponen el año 778 con las Cartas Capitulares de CARLOMAGNO, que manda que se abran escuelas en todas las catedrales. Y para el final suele ponerse el año 1464 con la muerte de NICOLÁS DE CUSA.

2. El concepto de Edad Media

¿Qué quiere decir Edad Media? El nombre, el origen, la primera vez que surge este nombre es en el año 1469 con el renacentista JUAN ANDREA DE BUSSI, obispo de Alexia que publicó las obras de APULEYO (autor latino hacia el año 125) en la que dice que APULEYO pertenecía a la media tempestas (Edad Media).
Poco después, en el año, 1518, JOAQUÍN DE WATT emplea también este término; es cribe una obra sobre WARAFRIDO STRABÓN, un maestro del siglo IX que había instruido a CARLOS EL CALVO, dice mediæ ætatis autor non ignominis (un autor importante de la edad media).
Quien ya hace toda la división de la Historia como actualmente fue CRISTÓBAL KELLNER (1634-1707), que escribe una obra de Historia y en ella la divide en Antiqua, Medo Ævi et Nova. El título es Historia Medii Ævii ac temporibus... Es el primero que hace la división.

¿Por qué se llama así? La razón ha sido ideológica; pero ha tenido diferentes concepciones. La primera la tenemos en los humanistas italianos del siglo XV, para los que el valor máximo era la forma literaria de escribir el latín (el latín clásico), la perfección estilística. Cuando leen a los autores del siglo VI hasta el siglo XIV juzgan que el estilo literario es muy pobre. De hecho un autor humanista, FLAVIO BIONTO (1392-1463), dice: “Cuando los vándalos y los godos entraron en Roma hablaban de forma bárbara.” Media se llama a esa época porque es la época entre la clásica del latín y el renacimiento, una edad intermedia. Tiene un carácter despectivo.
Para los humanistas cuando hablan de la Edad Media significa intermedio entre la época clásica y ellos. ¿Qué entienden por época clásica? No tienen un espíritu creativo, son imitadores. No crean, mientras que los medievales sí.
La Reforma protestante fundamentalmente los nuevos conversos, más radicales, juzgan que el criterio máximo es la libertad de conciencia y de vida, es decir la subjetividad. Los medievales carecen de libertad porque están sometidos a la Iglesia. Es necesario retornar a las fuentes, a Cristo, a los Padres de la Iglesia (aunque no a todos).

Los enciclopedistas, en el siglo XVIII, tienen como valor máximo la razón (es la época del racionalismo, del idealismo), sólo tiene valor lo racional. La Edad Media está llena de supersticiones, de fe, de oscurantismo, es la época del creer y el no pensar. Así desde el siglo XV hasta el siglo XIX nadie defiende la Edad Media.
A comienzos del siglo XIX surge el romanticismo cuyo valor máximo es lo estético y literario, pero más de contenido que de forma, y juzgan que esa época es sumamente rica en términos literarios.
Los historiadores de la segunda mitad del siglo XIX hasta prácticamente hoy ya cambia. En la segunda mitad del siglo XIX comienza a descubrirse el valor de la Edad Media, por ejemplo publicándose las fuentes.

La Historia de la Filosofía medieval durante todo el siglo XX ha estado de moda. La mayor parte de las tesis de doctorado de Filosofía han sido de medieval.
De esta Filosofía medieval, tenemos que suele dividirse por mentalidades en donde se ven que los mismos problemas y tendencias a dar las mismas soluciones. tenemos en primer lugar lo que llaman Alta Edad Media, siglos VI al IX, y luego la Edad media o de Oro, en los siglos XI al XIII, y la Baja Edad Media el siglo XIV.
Interesa ver el comienzo. Quizás hay que colocarlo en el año 529, porque hay dos hechos fundamentales desde el punto de vista filosófico: el cierre de la Academia y las escuelas paganas por orden del emperador Justiniano, que marchan a Persia, y la fundación de Montecasino por san Benito. Estos dos hechos en sí no tienen importancia, pero son símbolos. El cierre de la escuela pagana y la apertura de la cristiana o el traslado de la creación filosófica de Atenas al monasterio.

¿Qué sucede con este primer período? Los godos se instalan en el imperio romano como vencedores, es decir como en una casa que no han construido, son nuevos inquilinos, con el problema que la ocupación presenta en el campo filosófico y que va a determinar todo este período filosófico: ¿Cómo adaptarse a una casa cultural ajena, apropiarse de algo que no han hecho? Para ello se necesita un aprendizaje de un vocabulario nuevo, una forma de pensar y de vivir nuevas (porque es diferente en los romanos que en los godos), hay que asimilar el patrimonio ya pensado.
Hay que tener en cuenta que desde el siglo II d.C. el Imperio se había debilitado internamente, y acude a los godos para pedir gente para trabajar porque los ciudadanos estaban en el ejército. Por eso en el siglo IV y V la mayoría de los inmigrantes estaba en el campo. las invasiones fueron mínimas. Crecen más, el campo es de ellos mientras que la ciudad es de los romanos, y la reacción se ve en los escritos de las ciudades mediterráneas (sur de España, Francia e Italia), los obispos gritan que la cultura romana cae, que llega el fin del mundo. Los historiadores llegan a leer esas obras y así tenemos los tópicos actuales.


3. Características generales de la Filosofía medieval
El problema es el de la adaptación a una nueva cultura. La tarea va a ser de esos nuevos pueblos, apoderarse y asimilar un patrimonio acumulado en el Imperio romano (tanto cristiano como pagano). ¿Cómo lo van a hacer?
En primer lugar, la sistematización de esas obras, de tipo escolar (libros de texto). En segundo lugar, un aprendizaje y una organización pedagógica escolar. Por esto en función de la enseñanza esas obras se escriben. Por eso va a recibir el nombre de enseñanza escolástica.
Estos primeros filósofos más que filósofos son pedagogos. Para ello sistematizan esa doctrina, hacen enciclopedias generales o libros de texto. Con ello se pierde la vivencia creativa. Es la gran diferencia con los Padres de la Iglesia, que hacen un esfuerzo de pasar de vivencia a conceptualizar. Sólo se aprenden conceptos. Ante ello, van a realizar un pensamiento al margen de la realidad, de lo espontáneo, y sólo va a ser de tipo lógico, conceptual.

Con ello tenemos que se van a adaptar a maravilla al pensamiento griego, sobre todo de PLATÓN y ARISTÓTELES, porque van a realizar su pensamiento en la polis, y a través del hablar. Por consiguiente, se hace a través de lo que se dice, de lo cultural, no de lo natural. Falta pensar la realidad misma, su lógica es insuperable. Ahora hacen una Teología lógica, no una noesis sino una diánoia. este es el gran problema de la Iglesia hasta hoy. Los libros son de texto y van a dar a los conceptos el máximo valor, sin contacto directo con la realidad.
Para realizar esta apropiación de esa lengua y cultura diferentes se imponen las traducciones. No conocen el griego, ni el latín clásico. Ponen el latín vulgar. Se imponen también los comentarios para poder entenderlos. Y con ello se simplifica toda la cultura para adecuarla a su mente. por eso va a ser una cultura escolástica o pedagógica. Eso es lo fundamental hasta el siglo XII.


4. Las escuelas y la enseñanza en la Alta Edad Media
¿Dónde se realiza todo esto? En tres tipos de escuelas. hasta Carlomagno hay tres escuelas o centros culturales: la escuela palatina (en su palacio), las escuelas episcopales y la escuela monástica. cada una tiene unas características muy propias.

a) La escuela palatina.
Los visigodos y los ostrogodos cuando llegan al Imperio romano van a experimentar una gran admiración por Roma y sus obras, y tratan de restaurar el Imperio romano o al menos imitarlo. De aquí la aristocracia romana no duda en aliarse con ellos y colaborar con ellos, para ayudarlos a restaurar el Imperio. La aristocracia no abandona los puestos y funciones públicas. Por eso siguen abiertas las escuelas que forman a los funcionarios. Cuando las escuelas comienzan a decaer, entonces toda esta aristocracia las abren en sus casas (por no ser apoyadas por los poderes públicos).
El emperador de Bizancio trata de conservar el control del Imperio, conquistar la parte occidental, pero no puede oponerse al rey ostrogodo de Roma. En Roma Teodorico como rey, arriano y de gran cultura. éste se había formado en Constantinopla y habla mejor el griego que el latín. Protegió las artes y las ciencias, como el Senado, las familias patricias y entre estas la familia de BOECIO (Anicio Mandio Severino Boecio), cuyo padre fue prefecto del pretorio.



5. Boecio: La vida
El maestro más importante de las escuelas palatinas fue Boecio. Nació hacia el año 480. Huérfano de niño, y acogido por la familia de senadores, la de Símmaco. SÍMMACO es uno de los autores que más contribuyó a transmitir las fuentes griegas y latinas; era cristiano y filósofo neoplatónico y se lo transmitió a BOECIO, al que forma. Se casó BOECIO con Rusticana, hija de Símmaco. BOECIO fue nombrado cónsul y poco después magister officiorum (ministro de cultura) y a la vez presidente del Senado. Organiza toda la cultura de esta época.

6. La obra
Entre los años 505 y 523 se propuso hacer accesibles a los latinos las obras de PLATÓN y ARISTÓTELES y de sus comentaristas griegos. Para ello comienza la obra de traducción de todo eso. Más aún, busca la concordancia de PLATÓN y ARISTÓTELES.
Boecio es la base de la Filosofía medieval hasta SANTO TOMÁS, que se da cuenta de los fallos y manda hacer otra traducción. Tradujo y comentó el Isagogé de PORFIRIO, comentario al libro de las Categorías de ARISTÓTELES. Traduce el Peri hermeneias, los Analíticos Primeros y Analíticos Segundos, los Tópicos, es decir las obras lógicas de ARISTÓTELES.
Escribe libros de texto sobre el trivium (Gramática, Retórica y Dialéctica) y sobre el quadrivium (Aritmética, Geometría, Música, faltando la Astronomía). Esos libros son los que van a estudiar los medievales. Trabajaba sobre textos de Astronomía lo que le provocó ser acusado y condenado a muerte, porque le acusan de dedicarse a la magia.
Escribió un conjunto de obras teológicas de gran importancia: Opuscula Sacra. Por ejemplo Sobre la persona y las dos naturalezas, Sobre la fe católica, Sobre la Trinidad, De domanibus (Sobre las semanas)...


BOECIO fue íntimo amigo del papa y de un tal Juan el diácono (prácticamente su director espiritual). Juan le mandó que resolviese los problemas suscitados por los concilios de Nicea (325), Éfeso (431) y Calcedonia (451) por el método dialéctico. Parece ser que BOECIO tomó este método (lógico) de Bizancio, no es más que lógico, exponer la doctrina de forma lógica dando origen a la Teología: el tratado sistemático de la fe.
BOECIO es nombrado en el año 522 prefecto del pretorio, y trató por todos los medios de luchar contra la corrupción política. La corte del rey Teodorico estaba en Rávena, no en Roma. Eso le trajo el odio de muchos. Avino, senador cristiano, íntimo amigo de Boecio, estaba implicado en una acusación de traición y de conspiración contra Teodorico con Justiniano. Condenado a muerte sin ser juzgado, Boecio como presidente del Senado no admite eso, porque además de la falta de juicio la acusación es falsa. Teodorico acusa a Boecio de colaborador entonces y a la vez de magia y hechicería. Encarcelado en el año 524 es decapitado el 525. Está enterrado en Pavía debajo del sepulcro de SAN AGUSTÍN. En Pavía le consideraron como mártir pero en el siglo XIX se dudó mucho de si era cristiano.

7. Problemática filosófica
¿Por qué todo esto? Viene de que BOECIO quiere traducir la fe en términos de la Filosofía griega, sobre todo en las categorías de PLATÓN y ARISTÓTELES. Pero el problema es que no se puede coger una Filosofía prestada (hecho o creado) para expresar algo vivencial. Por esto no hay fe de un lado y Filosofía del otro, como si se pudiesen pegar. La fe es necesaria vivirla intelectualmente o la Filosofía vivirla cristianamente.

Entonces BOECIO intenta pegar las categorías a algo vivencial. Pero ante la primera dificultad se rompe, y queda o el fideísmo o la pura Filosofía. BOECIO escribió una obra original, breve, libro de cabecera medieval medio poesía en parte prosa en diálogo con la Filosofía; es De consolatione philosophiæ. Esta obra la escribe cuando se encuentra encarcelado y condenado a muerte, cara a cara con la muerte y reflexiona, y trata de dar una respuesta válida al sentido de la vida, ¿qué sentido tiene vivir? (Es interesante a este respecto la obra editada en Monte Carmelo de JACQUES FESH, el último guillotinado en Francia en el siglo XX y que se convierte en la cárcel en la espera de la ejecución debido al capellán.)
Se pregunta sobre si el vivir, si esta existencia, tienen un sentido o es un absurdo. Para dar solución a esto, recurre a la Filosofía prescindiendo de la Fe, de tal manera que toda la obra es filosófica, no aparece la Fe por ningún lado. Por eso se ha planteado la cuestión de si era cristiano. Acude a PLATÓN, a ARISTÓTELES, y fundamentalmente a los filósofos neoplatónicos más recientes (por ejemplo PROCLO). Siguiendo a varios de ellos da una interpretación de ARISTÓTELES coordinada con PLATÓN. El problema central que plantea es si Dios existe ¿por qué hay mal en este mundo? y si Dios no existe ¿por qué hay bien? Para ello lleva la razón hasta el límite, no silencia ninguna dificultad, pero al prescindir de la fe, y atenerse sólo a la Filosofía se ha planteado el problema del cristianismo en cuanto vivido y aprendido o enseñado.

La vida no se puede adornar con doctrinas ajenas. Ante el problema del mal, experimentado, vivido como la pena de muerte, sólo tienen valor lo que uno es, y no lo que uno tiene. esto hace que planteemos el problema: no todo lo que pensamos es nuestro, vivimos de muchas doctrinas que tenemos pero no somos.. Por eso salta por los aires ante la primera dificultad.

BOECIO plantea en su vida el mismo problema que ha planteado en el aspecto cultural: La unidad entre la cultura grecorromana y la cultura de los pueblos bárbaros, si los pueblos bárbaros pueden inculturizarse, y más en concreto en la fe cristiana y la cultura pagana.


8. La presencia de Boecio en la Filosofía medieval
Todos estos problemas importantes en la Edad Media. Boecio no encuentra esta unidad entre Fe y razón, como no encontró la unidad entre PLATÓN y ARISTÓTELES. Su vida y su obra es ambigua por ello, predominando más el tener que el ser, y por esto se encuentra que la fe no cuenta en el momento más importante. Es culto pero sin raíces.
La oposición entre vivencia y exposición lógica plantea eso. La exposición lógica tiene que nacer de esa vivencia. Cuando la vivencia falla nos quedamos en un puro formalismo, vacío. Puro instrumento. Este problema va a transmitir la lectura de esta obra clave de Boecio a toda la Edad Media.

Un segundo tipo de escuela son las escuelas episcopales. A medida que las escuelas civiles (palatinas) van desapareciendo o degradándose van a ir surgiendo la preocupación de la formación del clero por los obispos, seguían entonces la general, y sólo al final lo religioso. Los obispos abren sus propias escuelas. Antes del siglo VII no existían las escuelas eclesiásticas para la formación. El futuro sacerdote tras recibir la educación moral en su familia y la intelectual en las escuelas públicas, recibían del obispo la educación profesional (pastoral).
Al no tener formación pública los obispos abren sus propias escuelas bajo la influencia de los monasterios (desde el siglo VI). Se preguntaban como hoy ¿para qué sirve estudiar los poetas paganos llenos de inmoralidad?, y ¿los filósofos paganos? ¿Para qué construir discursos en latín perfecto si el pueblo no los comprende? es más práctico estudiar sólo la Biblia, buscar los medios mejores de evangelización, interesa lo práctico.
En consecuencia, los concilios provinciales o regionales mandan en primer lugar que cada sacerdote de una parroquia rural tome con él grupos de jóvenes para formarlos espiritualmente, enseñarles el salterio, los textos sagrados, la moral; son las escuelas parroquiales. Lo aprenden de memoria, sólo los más adelantados saben leer la Biblia. No todos esos jóvenes van a estar dedicados al sacerdocio.
Más importantes son las escuelas que abren los obispos en sus propios palacios. El que los sacerdotes vivieran en comunidad con el obispo no es propio de la época. En el siglo VI los obispos acogen también a los jóvenes para vivir con él, recitan el Oficio Divino en común, reciben la enseñanza doctrinal, y el obispo forma así a sus colaboradores, y encarga de ello con frecuencia al archidiácono. No se da una formación literaria sino sólo religiosa (Moral, Biblia, canto...).